Cuando cambia el mundo que conoce: cómo ayudar a nuestros animales a adaptarse a los cambios en casa

La llegada de la primavera suele invitarnos a renovar nuestros espacios: ordenar, mover muebles, pintar, reorganizar habitaciones, hacer reparaciones o simplemente darle un nuevo aire a nuestro hogar.

También pueden cambiar nuestras rutinas. Comenzamos a salir más, recibimos visitas, modificamos horarios o incorporamos nuevas actividades a nuestra vida cotidiana.

Para nosotros, muchos de estos cambios pueden parecer pequeños.

Pero ¿cómo los vive el animal que comparte nuestra casa?

Nuestro hogar también es su mundo

Cuando hablamos del bienestar de perros y gatos, solemos pensar en alimentación, atención veterinaria, ejercicio, juego o cariño. Sin embargo, el ambiente en el que viven también forma parte de sus experiencias cotidianas.

El hogar no es solamente un espacio físico. Allí se encuentran sus lugares de descanso, sus recursos, sus rutas habituales de desplazamiento, sus posibilidades de explorar, sus interacciones sociales y aquellos espacios en los que pueden retirarse cuando necesitan tranquilidad.

En los gatos, la importancia del ambiente está especialmente bien documentada. Las guías de la American Association of Feline Practitioners y la International Society of Feline Medicine señalan que las necesidades ambientales están estrechamente relacionadas con la salud física, el bienestar emocional y la conducta. Estas necesidades incluyen tanto el entorno físico como las interacciones sociales y la relación con las personas.

En los perros, la investigación sobre bienestar también muestra que la relación con las personas y las características tanto del animal como de su cuidador pueden influir positiva o negativamente en su bienestar. Una revisión de alcance publicada en 2024 analizó 706 publicaciones sobre el vínculo humano-perro y encontró que las características y circunstancias de ambos integrantes de la relación estaban relacionadas con el bienestar del perro de distintas maneras.

Por eso, cuando modificamos nuestro hogar, vale la pena recordar que no estamos cambiando solamente un espacio: también podemos estar modificando parte del mundo cotidiano de quienes viven con nosotros.

No todos los cambios son iguales

No existe una respuesta única frente a los cambios.

Un perro puede acercarse inmediatamente a investigar un mueble nuevo, mientras otro puede mantenerse a distancia durante un tiempo.

Un gato puede explorar una habitación recién reorganizada apenas tenga acceso a ella, mientras otro puede preferir observar desde un lugar seguro antes de acercarse.

Esto no significa necesariamente que uno esté “bien” y el otro “mal”.

La respuesta de cada individuo puede estar relacionada con múltiples factores: su historia, experiencias anteriores, características individuales, relación con las personas, intensidad del cambio y posibilidades que tenga para elegir cómo aproximarse a él.

Por eso, más que preguntarnos:

“¿Cuánto debería tardar en acostumbrarse?”

podemos comenzar preguntándonos:

“¿Cómo está viviendo este cambio este animal en particular?”

Cambiar la casa también puede cambiar sus recursos

Imaginemos que movemos los muebles de una habitación.

Para nosotros, simplemente cambió la distribución.

Pero para un animal puede haber desaparecido temporalmente un lugar donde descansaba, cambiado una ruta que utilizaba habitualmente o aparecido un objeto desconocido en un espacio cotidiano.

En los gatos, esto puede ser especialmente relevante porque sus necesidades ambientales incluyen disponer de lugares seguros, recursos separados, oportunidades para jugar y expresar conductas predatorias, interacciones humanas positivas y predecibles, además de un entorno que tenga en cuenta la importancia de su sentido del olfato.

Por eso, al reorganizar un hogar con gatos, no basta con preguntarnos si el resultado “se ve bonito” o si los objetos están bien ubicados desde nuestra perspectiva.

También podemos preguntarnos:

  • ¿Tiene lugares donde descansar sin ser molestado?
  • ¿Puede acceder a sus recursos con tranquilidad?
  • ¿Dispone de lugares desde donde observar?
  • ¿Puede retirarse si no desea interactuar?
  • ¿Sus rutas habituales siguen disponibles?
  • ¿Hemos eliminado accidentalmente un lugar que utilizaba con frecuencia?

La propia Paula Calvo, doctora en Antrozoología, ha insistido recientemente en la importancia de considerar el hogar desde la perspectiva del gato y no solamente desde la estética o las necesidades humanas. Su trabajo divulgativo plantea que un gato de interior necesita un entorno que le permita expresar conductas propias de su especie, incluyendo explorar, observar, esconderse y utilizar sus capacidades sensoriales.

¿Y qué ocurre con los perros?

Aunque perros y gatos tienen necesidades diferentes, existe un principio que podemos compartir entre ambas especies:

el ambiente importa.

Para un perro, modificar una habitación también puede significar cambiar lugares de descanso, acceso a determinadas zonas, interacción con las personas o posibilidades de explorar y realizar actividades.

El enriquecimiento ambiental en perros se ha estudiado desde hace años, incluyendo recursos sociales, objetos, estimulación olfativa y otras oportunidades que pueden favorecer el bienestar.

Pero debemos tener cuidado con una idea muy extendida: más estímulos no siempre significa mayor bienestar.

Un ambiente adecuado no consiste en llenar la casa de juguetes, actividades o novedades.

Consiste en ofrecer oportunidades apropiadas para ese individuo y, al mismo tiempo, permitir que pueda descansar, retirarse y recuperar la calma.

El cambio no tiene que ser el enemigo

Modificar nuestro hogar no es algo que debamos evitar para proteger a nuestros animales.

Las familias cambian y las casas también.

Llegan bebés, crecen los niños, se incorporan nuevos animales, hacemos reparaciones, cambiamos muebles, comenzamos a trabajar desde casa o modificamos nuestras rutinas.

La convivencia responsable no significa mantener todo exactamente igual.

Significa acompañar los cambios teniendo en cuenta a todos quienes forman parte de la familia.

Cuando sea posible, podemos anticiparnos.

Antes del cambio

Podemos pensar:

  • ¿Qué espacios utiliza habitualmente mi animal?
  • ¿Qué recursos podrían verse afectados?
  • ¿Habrá ruidos, personas desconocidas o movimientos poco habituales?
  • ¿Necesitará un lugar tranquilo durante el proceso?
  • ¿Podemos mantener algunas referencias conocidas?

Durante el cambio

Podemos procurar:

  • conservar algunos espacios seguros;
  • mantener disponibles sus recursos importantes;
  • reducir, cuando sea posible, la cantidad de cambios simultáneos;
  • permitir que el animal se aleje de la actividad;
  • evitar forzar la exploración o la interacción;
  • mantener rutinas familiares cuando sea posible.

Después del cambio

Podemos observar.

No para buscar una respuesta perfecta, sino para conocer cómo está viviendo nuestro animal la nueva situación.

¿Continúa descansando?

¿Utiliza sus recursos habituales?

¿Mantiene sus actividades normales?

¿Busca más aislamiento?

¿Está más inquieto?

¿Evita determinados espacios?

¿Ha aparecido alguna conducta nueva o se ha producido un cambio persistente en su comportamiento?

Observar no significa diagnosticar.

De hecho, la investigación actual nos invita a ser prudentes: una conducta aislada no permite determinar por sí sola el estado emocional o el bienestar de un perro. Una revisión sistemática publicada en 2024 encontró una gran variedad de comportamientos utilizados para evaluar emociones y bienestar, pero también señaló que todavía son necesarios más instrumentos de observación validados.

Dar opciones también es una forma de cuidar

Una de las ideas que podemos llevarnos de todo esto es sencilla:

no siempre podemos evitar los cambios, pero sí podemos acompañar mejor la manera en que nuestros animales los experimentan.

Dar opciones puede ser muy valioso.

Un lugar donde descansar.

Un espacio donde retirarse.

La posibilidad de acercarse o alejarse.

Recursos accesibles.

Rutinas suficientemente predecibles.

Interacciones respetuosas.

Y tiempo para explorar aquello que ha cambiado.

En el caso de los gatos, las guías de bienestar ambiental destacan precisamente la importancia de disponer de lugares seguros y de recursos distribuidos de manera que el animal tenga posibilidades de elección.

En los perros, la evidencia sobre el vínculo humano-perro también nos recuerda algo importante: el bienestar del animal no puede separarse completamente del contexto de la relación que mantiene con las personas con las que convive.

Antes de corregir, preguntémonos qué cambió

Cuando aparece una conducta que nos preocupa después de modificar algo en casa, es tentador pensar inmediatamente:

“¿Cómo hago para que deje de hacerlo?”

Pero quizás exista una pregunta anterior:

“¿Qué cambió para él o para ella?”

No significa asumir que todo cambio de conducta se debe al ambiente.

Las modificaciones persistentes o importantes en la conducta, alimentación, eliminación, actividad, interacción o descanso también pueden tener causas médicas y requieren una evaluación profesional cuando corresponda.

Pero observar el contexto puede ayudarnos a comprender mejor qué está ocurriendo y evitar respuestas apresuradas.

Porque una convivencia respetuosa no consiste solamente en enseñar al animal a adaptarse a nuestro mundo.

También implica que nosotros aprendamos a adaptar nuestro mundo para convivir con él.

Un hogar compartido

La primavera puede ser una buena excusa para ordenar, renovar y transformar nuestros hogares.

Pero antes de mover ese mueble, cerrar esa habitación o cambiar completamente un espacio, podemos detenernos un momento.

Mirar nuestra casa desde otra perspectiva.

Preguntarnos dónde descansa nuestro perro.

Dónde se refugia nuestro gato.

Por dónde se desplazan.

Qué lugares eligen.

Qué recursos necesitan.

Y qué posibilidades tienen de alejarse cuando no quieren participar.

Porque nuestros animales no necesitan que nuestras casas permanezcan congeladas en el tiempo.

Necesitan que recordemos que también viven allí.

Y quizás esa sea una de las formas más sencillas y profundas de cuidar la convivencia:

no solamente construir un hogar bonito para nosotros, sino un hogar en el que todos quienes lo habitamos podamos sentirnos seguros, respetados y bienvenidos.


Para seguir pensando

La próxima vez que cambies algo importante en tu casa, antes de preguntarte si quedó más bonito, más ordenado o más funcional para ti, prueba a hacerte otra pregunta:

¿Cómo lo está viviendo quien comparte este hogar conmigo?

A veces, observar desde su perspectiva es el primer paso para comprender antes de corregir.

📚 Bibliografía


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Mi nombre es Karen Lorca, soy Monitor Canino, Etóloga Canina y Felina y Catsitter Profesional. Me puedes encontrar en Facebook, Instagram y Youtube